Instagram es una gran vidriera. El problema es que la vidriera no es tuya: la alquilás, y el dueño cambia las reglas cuando quiere. Un día tus publicaciones llegan a mil personas, al otro a cien, y no hay nada que puedas hacer más que pagar por alcance.
El feed no es un catálogo
Cuando un cliente nuevo entra a tu perfil, ve lo último que publicaste. No ve tus servicios ordenados, ni tus precios, ni tu ubicación, ni por qué elegirte. Tiene que scrollear, adivinar y, en el mejor de los casos, escribirte para preguntar lo que debería estar a la vista. Cada "¿me pasás info?" es una venta que se enfría.
Google no busca en Instagram
Alguien te recomienda por tu nombre. Esa persona abre Google y escribe "parrilla en Salta" o "tatuajes Palermo". Si no tenés sitio, no existís en ese resultado. Aparece la competencia, que sí lo tiene.
Un sitio propio es el único lugar online donde las reglas las ponés vos.
Qué cambia cuando tenés sitio
- Te encuentran cuando buscan lo que vendés, no solo cuando te siguen.
- El cliente llega a la conversación sabiendo qué querés venderle.
- Tu marca se ve del tamaño que realmente tiene.
- Instagram pasa a ser lo que debería ser: un canal que lleva gente a tu sitio.
No hace falta un sitio enorme. Una página bien hecha, con lo esencial y un botón claro para escribirte, ya cambia la forma en que te perciben. En Tu primer sitio te contamos qué incluye y cómo lo hacemos.